Debates sobre el aprobado general

El pensamiento crítico es un deseo de búsqueda, la paciencia para dudar, aficionarse a la meditación, lentitud para la afirmación, disposición para considerar, cuidado para disponer y poner en orden, y aversión por todo tipo de impostura.

El pensamiento crítico es un deseo de búsqueda, la paciencia para dudar, aficionarse a la meditación, lentitud para la afirmación, disposición para considerar, cuidado para disponer y poner en orden, y aversión por todo tipo de impostura. 

Francis Bacon (1605)

¿Es el aprobado general una solución ante la solución ante la situación excepcional en la que estamos sumidos por los efectos del coronavirus?

Utilizamos la herramienta Kialo como propuesta para un debate ordenado. Cualquier contribución será bienvenida, bien de este modo a través de esa plataforma, como comentarios a la entrada que incluiremos en el debate abierto en Kialo.

https://www.kialo-edu.com/p/9bbe8ffd-20a0-4017-bc24-5e256917e886/7966

O como parte de la lista de Twitter que he promovido de acuerdo con unas reglas mínimas: es una comunidad que busca los argumentos sólidos basados en envidencias y procura las refutaciones que ayuden a una sana y bienintencionada deliberación para buscar las soluciones más firmes y rigurosas.

Se pretente, si es que ésto pudiera ser aún posible, estimular el pensamiento crítico en las redes sociales. Tiene unas etiquetas que serían la normas de los que pasen a formar parte la lista #noadhominen #testantifalacias Es pública y pueden suscribirla si así lo desean. Propondremos debates ocasionalmente cuando se estime necesario o se proponga de parte.

Evaluación del E-Aprendizaje

¿Qué evaluar, cómo y cuándo ante las consecuencias de la pandemia en los centros educativos y sus comunidades?

El planteamiento de la evaluación ante la pandemia del COVID-19 parece ser que es lo que más preocupa al sistema educativo. El Consejo Escolar del Estado lo acusa en su borrador dando prácticamente toda su importacia a titulaciones de las diferentes etapas. Estamos casi seguros de que el discurso no tardará en contagiar el lenguaje público en la educación porque es el más fácil de entender en España: el de la indulgencia y los títulos. Nos parece que puede ser necesario si esa comprensión no arraiga como modo de vida. Sin resistencia no hay libertad ni posibilidad de crecimiento.

Por su parte, el profesorado se enfrenta a una apreciación de la educación no formal, de lo que permanece en el mundo de lo ajeno, una especie de currículo semivisible al que nadie se atreve a hincarle el diente. El aprendizaje en la distancia derivado de una impuesta cuarentena que lleva al uso de soportes interpuestos en el acto educativo: las redes y los mediadores comunitarios como delegados o delegadas de padres u otros alumnos. Renonozcamos que eso ahora es francamente difícil: hemos pasado décadas devaluando la evaluación, el rigor y el uso adecuado de los datos —acomplejados como por las jerarquías y las diferencias— y ahora unas mínimas estrategias de evaluación, parecen ajenas. Sin embargo, con un mundo conectado, el rastreo es posible, pero también ineficiente en aquellos individuos que no están vinculados, generalmente los eslabones más débiles de la cadena social.

Como marco provisional nos servimos de los cuatro posibles escenarios que nos plantea Fernando Trujillo y de paso animamos a participar en el cuestionario que propone. Ver más abajo.

No son otra cosa que una escala de libertad, responsabilidad y confianza: el primer escenario atribuye al centro educativo cualquier decisión que en el ejercicio de su autonomía. Se utilizó cuando la Consejería de Educación de la Junta Andalucía dejó a las direcciones escolares y sus Claustros la decisión de reducir las horas de la Religión y el recorte consiguiente de plantillas. Es una suerte de lavado de manos de las administraciones con una grave responsabilidad en este momento.

La Consejería de Educación y Deporte de la Junta de Andalucía ha publicado hoy unas instrucciones que van en esa línea.

La Sociedad Pedagógica Tartessos ha realizado una hoja de control simplificada de la Circular.

Además el consejero Javier Imbroda ha descartado “de plano” que el curso termine con un aprobado general.

El aprobado general es una medida injusta, además de suponer un menosprecio al esfuerzo de los alumnos y el buen trabajo de los profesores.

http://www.canalsur.es/noticias/andaluc%C3%ADa/la-junta-descarta-de-plano-que-el-curso-termine-con-un-aprobado-general/1571713.html

Una segunda propuesta del primer escenario nos invita a una evaluación continua e incremental, un arrastre de las calificaciones del trimestre anterior. Eso es lo más importante a nuestro juicio.

En el segundo escenario, se hace de la necesidad virtud, invitando a la limitación del currículo. Años abandonando la evaluación como a la hermana pobre, pero ahora precisamente no podemos dejar otros elementos curriculares a un lado. Los riesgos aparecen cuando nos planteamos qué contenidos y qué destrezas se mantienen y cuáles no. Frente a los que sugieren que vayamos al núcleo de las emociones, reconduciendo el malestar general que nadie sabe a ciencia cierta cuál es ni cómo se produce en los distintos entornos familiares, sugiero envolver los contenidos básicos tradicionales de unas sólidas destrezas de aprendizaje en familia, con el privilegio de un tutor o tutora —el magisterio— que te supervisa fraternalmente el progreso en la distancia. Sería un back to basics donde Arte, Lengua, Matemáticas y Educación del Carácter a través de lo que podemos llamar las virtudes y fortalezas clásicas que inspiraron la Psicología Positiva de Martin Seligman, fundamentaran el aprendizaje durante el tiempo en casa. En este paquete no entraría la enseñanza global o aprendizaje basado en proyectos, ya que a nuestro juicio, solo acarrean una nueva desigualdad. Otra cosa son las tareas y retos semanales conforme a un modelo de progresión claro y con una guía simple para llevarlos a cabo en el ámbito doméstico. A ello se añadiría las oportunas estrategias de autoevaluación y coevaluación, rúbricas de entrada única, 15 minutos de escritura en un diario y portafolios digitales o físicos que habrá en todo caso que presentar. Isidro Rodríguez Pulido del Equipo Motor Iniciativa y Comunicación lo recoge con todo lujo de detalles. Este grupo de profesionales de la enseñanza hace acopio de un sinfín de herramientas útiles para el crear mapas de géneros discursivos sobre todo orales, con guías didácticas precisas para desarrollarlos.

Creo que este enfoque quizá sea el más fácil de entender por las familias: un lenguaje común que dé paso a un discurso comprensible, hecho a base de rutinas, mandamientos y recetarios básicos, algo similar a los calendarios de la CEAPA enriquecidos con aspectos académicos. Con unos medios de comunicación basados en las tecnologías entrañables y sujetos a sólidos vínculos comunitarios bien sean de las familias, delegados de padres y madres, u otros alumnos o alumnas que puedan ayudar a quien se retrase.

Muchos fatigan las redes estos días con bálsamos de solución, cuando no son otra cosa que los placebos de siempre: pura banalidad, mitos y concesión al espectáculo, propio de embaucadores como sugería Antonio Muñoz Molina. Nunca más.

Pero atendamos a los escenarios posibles que plantea Trujillo. Confieso que el término escenario me lleva inevitablemente a pensar qué hacer ante el peor escenario. Una metáfora del temor instaurado socialmente y, sin embargo, perfectamente válida para enfrentarnos al problema con sucesivos planes de contingencia. Peor es la temeridad —creemos— y mucho más la improvisación o la indolencia.

En el tercer escenario, se deja todo en mano de tareas finales para entregar en junio. Y se marca un 5 de nota por abajo —algo que acepto ahora y en lo sucesivo, como alerta al abuso de poder calificador del profesorado— aunque también podríamos hacerlo la inversa: todos tendrían la máxima calificación que se iría aminorando hasta la suficiente para el título. Ésto permitiría una gestión más personal de las tareas por parte del escolar, sabiéndose sin presiones adicionales. No termino de estar de acuerdo con los encargos de tareas finales sin tutela de las funciones ejecutivas de aquel alumnado y familias al borde del colapso. Y tampoco acabo de ver encajado aquí el papel de la imprescindible compañía y el vínculo del docente, sobre todo de maestros y maestras de Infantil y Primaria. Creo que las pautas incrementales intermedias y la definición y tutoría de los aprendizajes, evaluando los desempeños por semanas, es básico e irrenunciable. La clave de nuevo sería el establecer qué desempeños hay que procurar al final de la tarea.

Consideremos por un momento un programa curricular de urgencia, confeccionado por un grupo de 10 personas sabias, entre las que haya pocas que estén relacionadas profesionalmente con la educación, que se apresten a ponerlo en marcha. Podría ser un embrión de las enseñanzas y los aprendizajes del futuro para que el Ministerio y el profesor Alejandro Tiana lo aproveche, con unas tijeras siempre en la mano. Para estas programaciones didácticas hemos de contar con una lista de control que asegure que los aprendizajes se están produciendo en esta nueva teledocencia, como sugería recientemente Eline Lund . Algunos indicadores podrían recogerse en distintos campos: establecer modelos de progresión bien secuenciados, objetivos de la semana, trabajar virtudes y fortalezas de la Psicología positiva, condiciones para el aprendizaje, dispositivos DUA para atender a la diversidad, aprendizaje mediante el diálogo, la oralidad y el juego, tiempo para la lectura y la escritura, arte y música, echar cuentas de la casa, indicadores de logro, etc.

Llego al cuarto escenario, con decepción. Es el café para todos, una renta básica a nivel educativo. Confieso que es tentador desde una visión del mundo sin esfuerzo en que estamos instalados. Aunque ahora no es el momento más adecuado para usar el término, espero que no sea ese el propósito que cunda mañana. Creo que sería la coartada perfecta para una perfecta indigencia, para la fuga de la iniciativa, la responsabilidad y de talento desde un entorno familiar repleto de amenazas e incertidumbres, pero también con nuevas oportunidades de aprendizaje comunitario, de fortalezas y virtudes puestas a prueba. Además el problema es que ni hay café para todos ni lo habrá a medio plazo. Y creo con el argumento que la vida pondrá a cada cual en su sitio, despreciamos la labor de la escuela y de los docentes.

Escenarios propuestos por Fernando Trujillo

Animamos a su lectura y a subirse a lo propuesto por el grupo de investigación que lidera Fernando

Escenario 1: la autonomía de los centros. La Administración correspondiente no toma ninguna decisión relativa a la evaluación más allá de mantener el funcionamiento de la docencia y la evaluación similar a una situación “normalizada” del sistema. Para ello se invoca la autonomía de los centros de tal forma que sean estos los que decidan. Asumida la autonomía de los centros,  los docentes intentan realizar una evaluación del trabajo realizado durante el tiempo de confinamiento sin proceder a ninguna revisión del currículo (posibilidad explorada en el escenario 2). Con la información obtenida en esta evaluación, los docentes realizan la calificación del tercer trimestre y la evaluación final del curso.

Escenario 2: Ajuste del currículo. Un segundo escenario plantea el ajuste del currículo para acomodarlo a la situación de confinamiento. Ya sea porque la Administración correspondiente acuerda un currículo de mínimos o porque los centros, ejerciendo su autonomía, así lo articulan, los docentes se centran en estos objetivos mínimos para el trimestre que queda y evalúan con los medios que tienen a su disposición. Para ello se diseñan tareas ad hoc para estos objetivos mínimos, que son evaluadas con todo el rango de calificaciones disponible, desde la no superación de las materias hasta una calificación de sobresaliente.

Escenario 3: Evaluación positiva condicionada. En este escenario, se acuerda otorgar una valoración positiva del curso escolar 2019-2020 a todo el alumnado siempre que se cumplan unas condiciones mínimas, las cuales pueden estar vinculadas con cuestiones como la realización de unas tareas globales a entregar en junio. Estas tareas se utilizarían para delimitar las calificaciones entre el aprobado y el sobresaliente. Para dar coherencia a todo el sistema y garantizar el ajuste a las peculiaridades de cada centro, las tareas podrían ser definidas mínimamente por la Administración correspondiente y ajustadas por los centros a la realidad de su alumnado.

Escenario 4: Evaluación positiva sin condiciones. Un último escenario posible sería la evaluación positiva sin condiciones para todo el alumnado. Dadas las dificultades para una docencia o un aprendizaje normalizados, especialmente para el alumnado en situación desfavorecida o con necesidades específicas de apoyo educativo, la Administración correspondiente o los centros plantean una evaluación positiva del alumnado al mismo tiempo que se definen planes específicos de refuerzo para el curso 2020-2021. Además, en aquellas situaciones en las cuales la calificación sea significativa para procesos posteriores (Bachillerato, por ejemplo), se podrían articular mecanismos específicos basados en datos objetivos (calificación media cursos anteriores o de las dos primeras evaluaciones del curso 2019-2021) como un factor para la calificación final de la etapa educativa en cuestión.

Fernando Trujillo