Materiales curriculares. Etre et Avoir

Creo y parto de que la escuela y la formación más o menos reglada se podría estar echando en manos del mercado: el editorial, el de accesorios y útiles a diferentes precios para la escritura, el deportivo, electrónico, de cuadernillos especializados, festivales varios, clases de esto o aquello, excursiones diversas, etc. No digo que no sea una opción, de hecho otros países han abrazado el sistema sin contemplaciones y la escuela está ahí, justo en los brazos de las grandes corporaciones; pero, ojo, son también las grandes entidades editoriales, o tecnológicas las que se retratan y sustentan en parte el modelo y es el estado el que se encarga de poner los puntos sobre las íes, no los centros o la FDAPA. Son las grandes editoriales las que hacen proyectos transparentes y abiertos con libros de calidad y los ponen a disposición del sistema educativo público.

Tampoco digo no que haya buenos materiales, incluidos buenos libros de texto, y que estos no deban ser obtenidos o adquiridos con los fondos que proporciona el programa de gratuidad o los gastos de funcionamiento del centro, los que hay o los que debería haber; lo que digo es que si son buenos y de calidad contrastada; ¿por qué no se adquieren con urgencia? y si no tienen valor pedagógico alguno, ¿por qué no se prescinde de ellos cuanto antes?. En el cajón de sastre del material de uso común puede caber de todo si previamente no hemos apurado hasta el último céntimo del chequelibro o de las arcas del estado y hemos hecho bien una buena selección del material y los soportes. Propongo criterios de selección elaborados en nuestro centro y acordes con el proyecto educativo del mismo.

Se puede o se pudo ir por dos vías. Una, negociar con las editoriales la aportación de material propio de calidad incluidos los cuadernillos de inglés, so pena de quedarse sin ser “los elegidos”, e inducirlas de este modo a que confeccionen material realmente autosuficiente. Por eso, insistimos, es tan importante la que el equipo de ciclo realice una elección acertada y serena del material curricular, de acuerdo, cómo no, con unos criterios claros establecidos por los profesores y sin motivaciones ajenas a la profesionalidad de los docentes. Podemos, si se quiere, ir dejando los ajustes últimos a la dirección del centro, que debería garantizar un procedimiento transparente, ajustado a la norma y, claro que sí, siempre en la línea de obtener un material de calidad e imprescindible para el uso de todos sin exclusión o para aquellos que lo precisen. De igual modo, habría que limitar al máximo aquellos gastos familiares que no redunden en la mejora de la calidad y de los resultados escolares y sí en el deterioro de la espalda. Evitar fiestas o salidas innecesarias y costosas, de escaso valor formativo, varios cuadernos y cuadernillos por alumno, que se deshojan y nunca se “rellenan” por ser muchos, caros, demasiado grandes y malos.  Se podrían aportar ejemplos de cuadernos de escritura en Francia, a buen precio, grapados, menos voluminosos y con un forro plástico.

La segunda vía sería entrar en una carrera sin fondo del pedir material curricular variado y pagado por quienes puedan pagarlo de manera “opcional” y en los complejos entramados familiares que ello ocasiona por la diferencia de presupuestos; en en la programación de actividades extraescolares y complementarias con frecuencia fuertemente costeadas por familiares y al cabo, competir abiertamente en la selección natural de los escolares o de sus diferentes “rendimientos” segregando o cuanto menos distinguiendo entre aquellos que puede afrontarlo y aquellos que no, todo esto en los mismos centros públicos.

Para mí los problemas no son si es cara o barata la ignorancia, o si la educación nos parece prohibitiva: frase que me resulta demagógica y que se está esgrimiendo con frecuencia, con la aviesa intención de desprestigiar la escuela pública. Estoy convencido de que la ignorancia es algo que a la larga sale caro; sin embargo, no por gastar más somos menos ignorantes y sí por debatir y hablar menos de lo que se debería y confundir el “tanto tienes tanto vales”. Detrás de todo ello, están la fría tendencia a poner muchas cosas en el espacio que hay entre nosotros y los niños y las niñas; mientras que no se ponen a las personas para acompañarlos en su crecimiento personal.

¿Habéis pensando si el uso de cierto material no es una especie de placebo para la expresión libre y creativa de ideas y en diferentes lenguajes, incluidos el plástico, visual o el musical? “Página tal o cual del cuadernillo…” ¿Le hemos dado vueltas al hecho de que detrás de tanto equipamiento tecnológico, cacharros y materiales curriculares, solo se vislumbra una educación cara? Pero no precisamente por el coste del aquellos; sino porque el profesorado y su formación pasan a un segundo plano y comienzan a ser gravosos y sin criterio en la elección de sus herramientas de trabajo, despojados finalmente, digámoslo así, de una cierta dignidad profesional.

Segregación y centros bilingües

Lanzo estas primeras reflexiones que iremos puliendo y matizando posteriormente.

Quiero comentar en este artículo la experiencia de nuestro centro bilingüe español-inglés en el poco tiempo que llevamos con él. Agradezco las aportaciones de @yolajb @ainhoaeus @NicolasaQM @eRomanMe @mariabarcelo y @NoLolaMento que nos delimitaron y encauzaron el tema propuesto. @yolajb tiene bastantes artículos sobre bilingüismo en la comunidad de Madrid. A su juicio, una ocasión rampante para la discriminación entre escolares que algunas políticas neoliberales han aprovechado para formas grupos y centros de élite y añadir mercado a la escuela pública: el veneno está en la dosis, diría yo. Habría que leer el artículo que escribió en el AMPA del Colegio La Latina sobre este asunto y los enlaces que profundizan en la materia.

Efectivamente se suelen dar bastantes problemas organizativos que con la autonomía necesaria en nuestro centro hemos sabido sortear. Ello quiere decir que nunca consentiremos, consentimos, ni hemos consentido –apoyados siempre por el Consejo Escolar– organizaciones escolares que segreguen. Intentamos extender el programa a todas las líneas del centro y lo hemos conseguido. Allí donde sólo había una o dos hemos enrasado con los Auxiliares lingüísticos y como estamos en pleno proceso de reconversión de plantilla por jubilación, procuramos, aunque no se nos hace mucho caso que los tutores sean bilingües para que los grupos más pequeños no se vean muy afectados por el número de maestros que les dan clase.

Por otro lado, en nuestro centro los padres que NO querían grupo bilingüe son los que expresamente tendrían que decirlo, y así eliminamos privilegios previos por la información recibida de primera mano. Los grupos ya son heterogéneos cuando cambian de ciclo, ya que el criterio al aumentar número de unidades pico por nuevas matrículas es que no se creen guetos. Por ello deshacemos esos grupos y los reagrupamos según paridad y nivel académico equitativamente distribuido en todos los grupos formados al empezar el nuevo ciclo. Eso no me negaréis, que con el nuevo Decreto 328/2010 de 13 de julio en su Capítulo II, se puede hacer perfectamente.

Nuestra administración podrá exiguir esto o aquello, pero debemos someterlo al criterio general de las normas y a su concrección en el centro mediante un participativo y democrático Plan de Centro que evite el tracking o encasillamiento: ningún centro es igual a otro. Problemas con los responsables del programa en Málaga: nunca hemos tenido. El Servicio de Inspección tampoco ha puesto la más mínima pega. El hacer filigranas organizativas puede acarrearnos una auténtica esquizofrenia, cuando ya se elude la segregación desde el mismo origen.

Solemos decir que el proyecto bilingüe es para enriquecer en dos lenguas y ese es nuestro principal objetivo: mejorar las detrezas en español e inglés por este orden. Cuando tienes un índice de deprivación social alto y casi un 70% de becas del 100% en el comedor: los experimentos han de estar bien fundamentados y procurar mejorar en lo primero, para dar el paso a lo segundo. En ello estamos con la ilusión que nos dejan, pero en la creencia de que somos nosotros los mayores responsables de lo que suceda en el futuro. Pedimos a nuestra administración que nos deje trabajar y que evaluemos finalmente cada uno de los programas en cada uno de los centros: no es lo mismo el nuestro que el de otros colegios. Y los efectos colaterales positivos para cada uno de nosotros son distintos. En nuestro caso, vuelvo a decir satisfactorios. Hasta ahora nos han respetado en el marco de las líneas maestras del programa plurilingüe en Andalucía.

Me alegro de hablar de un proyecto que ha provocado un cambio radical en un centro de casi 35 años de antigüedad: renovación de infraestructuras, renovación de plantilla y perfiles, innovación de prácticas y formas de trabajar con el currículo, integración de materias, mejora del trabajo en equipo porque había que ponerse de acuerdo. Y lo que esperamos es que cuando se extienda y consolide, podamos ver unos resultados mejores en nuestros alumnos, que como digo tiene un estatus socioeconómico y cultural medio bajo, pero que con dicho proyecto hemos sido capaces de canjear etiquetados para prestigiar aún más el centro y la enseñanza que aquí damos. Nuestra experiencia la relatamos en un artículo publicado en el libro de la editorial GEU “La Educación Bilingüe en Andalucía”

Y esto, mirad, ha sido la principal riqueza, nuestra mayor fortaleza y oportunidad: estábamos abocados por espacio disponible, a asumir a todo alumnado extranjero o recién llegado a la localidad, y sin casi ninguna duda guetizarnos por ubicación en un barrio de rentas bajas. O, por el contrario, como ha sucedido, que aumentemos matrícula e interés por la etiqueta bilingüe que ha hecho que las expectativas crezcan de un modo colosal.

Me permito finalmente hacer una recomendación general a quien se acerque a esta entrada: leer a Giroux y sus pedagogías críticas del aprendizaje en las que se avisa de “La reproducción de la reproducción y las políticas sociales del encasillamiento”. Creo que la pretensión de la administración, al menos en el caso de la andaluza, es evitarlas, pero las teorías no se cotejan con los postulados teóricos-prácticos de los centros. Y ahí está servido el debate que algún sindicato de clase y no corporativo ha puesto sobre la mesa.

Quiero mencionar también las siempre frescas aportaciones de una sensato utópico como es Fernando Trujillo. En su blog ha escrito en muchas ocasiones sobre el tema y de las ricas concomitancias que se pueden adherir a la encendida polémica que suscita.