Navidad, culturas, celebraciones y civismo

Esta tarde de Nochebuena, tengo interés por conocer cómo celebran la navidad los distintos pueblos del mundo, qué modo tienen de  cerrar y hacer balance del año que pasa, deshacerse de los malos sueños, de los malos hábitos, de los vicios y adoptar la actitud del tránsito y del desapego, para atrapar felizmente los mejores deseos y las mejores virtudes. Sigo las palabras de Victoria Camps de su Manual de Civismo tan pertinente en fechas de desmesura material.

Las celebraciones, las vacaciones de invierno, término con el que llamaba a esta época entre diciembre y enero, en las escuelas estadounidenses, en un ejercicio cobarde y políticamente correcto de entender la diversidad cultural y el multiculturalismo de un país de emigrantes; son ocasión única para hacer alarde de buenos sentimientos, para compartir las bondades y caprichos que la vida nos ofrece. En nuestro colegio hay niños y niñas de distintos orígenes, hasta un total de 45 naciones se concentran en el CEIP Andalucía de Fuengirola, y cómo no, decenas de matices en cuanto a esta celebración cultural y familiar de final de año. Pues bien, todos a excepción de los más delirantes por sus convicciones religiosas, todos participan de la conmemoración navideña, una tradición cristiana por excelencia, pero con bifurcaciones y raíces que se hunden en otros pueblos y culturas.

Pero ¿Cómo se celebra la navidad en los distintos países? ¿cómo es la  navidad en todo el mundo/Christmas around the world? No nos podemos imaginas las fórmulas diversas y Diferentes formas de construir un belén.

En esta tarde fría de un pueblo sevillano, donde los campanilleros sonaban hace unos años en la madrugá de la Nochebuena, donde el aguardiente embrutecía y dilapidaba los jornales y las cuadrillas; ahora sólo nos convoca el consumo frío de trago largo, sin las emociones familiares de las veladas austeras y ricas en encuentros y confidencias, en historias domésticas y cánticos por villancicos, hoy sólo asistimos a la pantagruélica comida de Nochebuena a base de poco caldo y mucho ibérico, a cientos de mantecados y polvorones apilados en los estantes de los supermercados durante meses…

Después, las motos y petardos hacen de las suyas, los gritos y algarada de la noche son los dueños hasta el alba de un pueblo tranquilo y placentero, donde algunos no disfrutan de la fiesta, la apedrean. No sé si la crisis apartará a estos de los modos groseros de los últimos años. Creo finalmente que nuestra entrada tienen una aire de nostalgia cívica a lo Antonio Muñoz Molina, @amunozmolina. Hoy con su artículo sobre la desmesura de una época “Todo lo que era sólido”: nos cuenta cómo las construcciones y formas desbordadas, los pueblos fantasma y las urbanizaciones sin vecinos se hacen los dueños entre la maleza de media España, como Comalas de Juan Rulfo. Y él se interroga al término del artículo:

“Pero quizá sea dimensión quimérica del oficio (de escribir) la que puede ayudarnos a comprender o explicar este tiempo en el que ya no puede confiarse en la firmeza de nada, en el que todo lo que parecía sólido ha resultado ser mucho más fantasmal que nuestros mundos inventados”

Se sabe que otra forma de celebrar la navidad es a través del consumo y éste aprovecha el mundo de la publicidad para propagar los buenos sentimientos y, de paso, te cuelo el producto. Esta tarde de invierno en un pueblo sevillano de la ribera del Genil, me he topado con un vídeo en la televisión, una nueva de pantalla plana que los suegros se han mercado y que sustituye a la conocida hasta la fecha en los últimos 21 años de visitas. En el vídeo como digo, el producto que anuncian está bien claro: sí, sabemos que es jamón cocido, pero a mi modo de ver también se vende y transmite, bondad, música, buen gusto, sentimiento y cultura. Definitivamente: hay muchas cosas que podemos disfrutar sin los excesos falsamente construidos en aquellos viejos años.