Las competencias del profesorado

competencia profesional

El profesorado habría de comprender que ante las muestras continuas de antipedagogía[1] de los últimos tiempos, nuestra función primordial es que los alumnos aprendan y aprendan para saber hacer determinadas cosas. Recientemente en un artículo del rector magnífico de la Universidad de Salamanca, José Ramón Alonso[2] resumía en once puntos y con profunda clarividencia, lo que un alumno universitario habría de dominar para una correcta inserción social y profesional. No es muy sorprendente que el primero de los puntos es leer, aunque reconocerlo, a su juicio, resultaba ciertamente “insultante”.

Desgrana seguidamente una concisa relación de destrezas. Saber hablar y hacerlo con una persona o con 100, conducir un debate y ganarlo. La conversación, el diálogo y el debate en el aula, no sólo mejorarían ciertamente esta destreza fundamental, tan descuidada en las escuelas de hoy, sino que evitaría no pocos conflictos en la convivencia de los centros. A nuestro modo de ver, las habilidades comunicativas no están suficientemente desarrolladas en muchos centros educativos: para hacerlo nos planteamos una vez más el trabajo en equipo y la comunicación de experiencias.

Es preciso mejorar dichas habilidades entre los compañeros y compañeras con el fin último de reproducirlas en el aula. Se demuestra que con mucha frecuencia los comportamientos violentos en niños y niñas están relacionados con algún trastorno del lenguaje. Es más,  “Muchas experiencias infantiles sólo pueden realmente comprenderse y elaborarse cuando el niño tiene la oportunidad de establecer una buena conversación sobre ellas (…) Esos espacios sociales de conversación actualmente ya no son algo obvio. Hay que volverlos a crear con esfuerzo. Por eso, una importante tarea de la escuela consiste en establecer y cultivar una cultura de la conversación oral, pues ella crea el fundamento sobre el que se construye el acontecer educativo”.[3] La carencia de actividades orales y debate en las aulas es un claro exponente de hasta dónde se puede llegar en la negación de lo genuinamente educativo. Lo primero que habría que enseñar es el uso del diálogo ante los conflictos. No sabemos si en la educación secundaria, dado el estado casi inflamable es que se dice que está, se puede llegar a una ordenada confrontación de ideas en el aula. Existe una pequeña obrita de Arthur Schopenhauer[4] que nos resume en 38 estratagemas el arte de llevar razón, dando pistas para conducir discusiones y contiendas dialécticas y ganarlas.

Algunas características de los profesores que tienen una relación más estrecha con su función docente, influyendo con ellas en el bienestar profesional, son las siguientes:

  1. La formación inicial o permanente y las competencias profesionales adquiridas.
  2. La autoestima.
  3. El equilibrio emocional.
  4. El compromiso moral de enseñar a todos los alumnos.

Al constituirse en las claves del bienestar docente vamos a relacionar a continuación las competencias profesionales que debería tener el profesorado[5]. Los profesores y profesoras deberían

a.     Ser competentes para favorecer el deseo de saber de los alumnos y para ampliar conocimientos.

b.     Ser competentes en atender la diversidad de los alumnos.

c.     Estar preparados para incorporar la lectura y la escritura en la actividad educativa.

d.     Ser capaces de incorporar las tecnologías de la información en la enseñanza.

e.     Estar preparados para velar por el desarrollo afectivo de los alumnos y comprometidos con una pacífica convivencia escolar. Para ello, serán capaces de favorecer la autonomía moral de los alumnos y su educación moral.

f.      Por tanto, deberían educar en valores y para la ciudadanía y el civismo.

g.     Ser capaces de desarrollar una educación multicultural.

h.     Estar preparados para cooperar con la familia.

i.       Elaborar un proyecto en equipo, trabajar en colaboración con el resto de compañeros.

j.       Dirigir un grupo de trabajo.

k.     Confrontar y analizar un conjunto de situaciones complejas.

l.       Gestionar conflictos interpersonales mediante una cierta “alfabetización emocional”.

El libro de P. Perrenoud [7] “Diez nuevas competencias para enseñar” en Googlebooks, tiene como cometido fundamental que es comprender el movimiento de la profesión docente, para lo cual plantea diez competencias fundamentales:

1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje.

2. Gestionar la progresión de los aprendizajes.

3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación.

4. Implicar a los alumnos en sus aprendizajes y en su trabajo.

5. Trabajar en equipo.

6. Participar en la gestión de la escuela.

7. Informar e implicar a los padres.

8. Utilizar las nuevas tecnologías.

9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión.

10. Organizar la propia formación continua.

Para poner un ejemplo práctico me gustaría compartir el siguiente video del profesor Segundo Fidalgo de Colegio Público San Felix de Caldás (Asturias) su experiencia junto con la de su compañero @potachov Néstor Alonso

http://cdn.livestream.com/grid/LSPlayer.swf?channel=cprdeaviles&clip=pla_8cbf9e82-a52c-44e0-856b-a4aaf700f6e6&autoPlay=false

[1] MORENO CASTILLO, Ricardo (2008). De la buena y la mala educación. Reflexiones sobre la crisis de la enseñanza. Los libros del lince. Barcelona. El autor del panfleto antipedagógico vuelve a cargar las tintas ampliando sus argumentos contra lo que, a su juicio son “las falacias de la educación”. Un discurso continuo fundamentado en que el conocimiento de una materia sirve, sin más, para enseñarla. Otra cuestión sería, a nuestro modo de ver, que el aprendizaje se produjera en los alumnos de modo eficaz para salir con soltura de cualquier brete social o profesional. Otra bien distinta es cómo enfrentarse a los malos alumnos o simplemente a aquellos que no son brillantes.

[2] ALONSO, José Ramón (2009). “Una Universidad nueva” El País. 12 de enero de 2009. Exponemos sólo tres de ellas aunque animamos a una lectura completa de su artículo:  “Primero, debe saber leer. Suena insultante, pero es cierto; debe saber leer y extraer las ideas principales de un texto, someter a juicio crítico lo que ese autor afirma, ser capaz de contrastar con otras fuentes y llegar a conclusiones propias, personales. Segundo, debe saber escribir; y no hablo de no cometer faltas de ortografía, ni de saber poner letras juntas; eso hay que darlo por hecho, sino de comunicar con claridad, con eficacia, con una extensión equilibrada, con rigor en el uso de información externa, con la mente puesta en el lector. Tercero, debe saber hablar, hablar a una persona y hablar a 100. Ser capaz de presentar las ideas propias e indagar las ajenas. Conducir y ganar un debate. Respetar los tiempos y usar apoyos efectivos. No es baladí: saber hablar bien se considera el primer factor de éxito en la carrera profesional.” http://www.elpais.com/articulo/educacion/Universidad/nueva/elpepusocedu/20090112elpepiedu_3/Tes

[3] PATZLAFF, Rainer y SABMANNSHAUSEN, Wolfgang (2007): Indicaciones de pedagogía Waldorf. Para niños de 3 a 9 años. Editorial Rudolf Steiner S.A. Madrid. Pág. 90.

[4] SCHOPENHAUER, Arthur (2002): El arte de tener razón. Expuesto en 38 estratagemas. Filosofía Alianza Editorial. Madrid. Cuarta reimpresión 2007.

[5] MARCHESI, Álvaro. (2007) Sobre el bienestar de los docentes. Competencias, emociones y valores. Alianza Editorial. Madrid. Págs. 66-73.

 

Anuncios

11 comentarios en “Las competencias del profesorado

  1. Genial, Juan, me ha gustado mucho. Ya sé que no estoy equivocada, pero no encuentro la forma de procesar la situación en vez de dejarme abatir por ella. Es una pelea continua, con el sistema, y lo que es peor, con los hijos, en el difícil equilibrio de no desautorizar a los y las que supuestamente trabajan codo con codo contigo para que tus hijos e hijas tengan la mejor educación.

    Cuando son mayores, es otra cosa, porque ya nos hemos trabajado el sentido crítico, la autoestima… y puedes admitir que el sistema es malo pero es lo que hay; como dice Lola, les enseñamos a defenderse, a no salir perjudicados en lo emocional, que es lo que al final cuenta.

    Pero de pequeños, es pronto para soltarles a las fieras… hay que mantener un cierto adiestramiento porque la vida es adversa, y no puedes pensar desde los 6 años que vives en los mundos de Yuppie y que mamá te va sacar de todas las situaciones incómodas en las que te metes ( o al menos, esa es mi visión)

    Me pregunto cuántos compañeros y compañeras suscribirían este artículo, y cuántos padres y madres…

    Yo sí.

    Un abrazo,

    María

  2. Estupendo post Juan, ya me gustaría a mi trabajar en una escuela donde todos sus miembros tuvieran claras las competencias que apuntas y, al menos, ganas de intentar ponerlas en práctica.
    Como bien dices “Frecuentemente se cae en el error de enseñar como nos enseñaron y no hacer una reflexión más rigurosa acerca de los mejores métodos para que el alumno aprenda.” y ese error irreflexivo se convierte en dogma, aceptado casi unanimemente por un claustro, al cual cada vez que le proponen una reforma o un cambio rápidamente le da la espalda y utiliza la frase lapidaria, “otra reforma, innovación, corriente pedagógica, si esos pensadores hicieran clases verían la realidad que tenemos, nuestro trabajo nos cuesta tenerlos sentados en filas y que estén callados mientras leemos el libro”
    Me parece que hoy estoy un poco depre, igual imprimo las competencias y las cuelgo de la puerta de la sala de profes a ver que caras ponen.
    Buena reflexión, gracias Juan.

  3. Buenas noches, como padre que quiere una educación mejor para todos, me satisface leer lo que expones, tan bien, en este artículo.

    Compré, leí y dí a un profesor el libro ” De la buena y mala educación” con prologo de E. Mendoza (autor que me gusta) para que no hiciera la que dice R. Moreno. Su crítica a la pedagogía y su apuesta por meter en la cabeza solo conocimientos a los jóvenes me repugnaban.

    Tu artículo de competencias, de las que tanto se habla para el alumnado, del profesorado debería remitirse y estudiarse en los claustros. Muchos estáis llevando a cabo cambios metodológicos a pesar de los problemas que os surgen. Como dice María hay veces que los m/padres nos mordemos la lengua delante de nuestros hijos/as por no hacer mella en sus estudios y sobre todo en su moralidad. Y vosotros más ya que sois m/padres y docentes.
    La cultura de la conversación oral (por ejemplo la realización de asambleas en las aulas) y la información e implicación de las familias ( como en el San Wabalonso) dan resultados contrastados. Se logra la participación cuando la Dirección de los centros la promueve y favorece. En no todos los sitios se hace.

    Entiendo que vosotros el profesorado seáis los más críticos con la situación y más aún si pretendéis cambiar y, como dice cpaez01, el cluaustro se acomoda y no colabora con los que sí quieren .

    Seguro que las familias bien informadas os brindarán su apoyo.

    Yo sí suscribo este artículo

    Saludos.
    Salvador

  4. Me ha gustado mucho que aparezca el tema de las competencias docentes. Y me gusta mucho la idea de dejar muy clarito que su desarrollo incide en el bienestar docente. Mucho. Pero hay dos salvedades que me interesan.

    1) Si las competencias docentes se desarrollan en solitario, se abre una brecha entre quien avanzó y quien no. Eso conduce a conflictos, creo. Y la solución de esos conflictos no pasa por no avanzar (bueno, no es la solución que a mí me gusta…) o por acompasar los ritmos (frenar a los de delante y acelerar a los de atrás) sustituyendo el enfoque individual por el colectivo de un centro… Creo que eso está por resolver y que las consecuencias de apostar por un desarrollo individual o uno colectivo, o equilibrar ambos, aún no son completamente visibles (y encima está el problema de definir el colectivo; ¿es el centro educativo? ¿es una red docente?).

    2) Intentar desarrollar todas las competencias puede ser un problema. Creo… Porque un docente puede estar más interesado por unos enfoques que por otros. Y sentirse más cómodo haciendo uso de unas competencias que de otras. Tengo la duda de si todos los docentes deben desarrollar todas las competencias. Mínimamente sí, claro que sí. Pero en el máximo grado posible, tengo la duda.

    Así que habrá que esperar que alguien encuentre un posible sistema en el que lo individual y lo colectivo encuentre su equilibrio. En el que cada docente pueda, partiendo de unos mínimos comunes y obligatorios, llegar a los máximos que desee.

    Desde luego, en ese sistema, las redes profesionales, institucionales o informales sí que van a jugar un papel. Seguro. Y en twitter se está desarrollando un modelo interesante, que probablemente influirá en cualquier solución que se adopte al problema del desarrollo de las competencias profesionales.

    Creo… 🙂

    1. Gracias por dejar tu comentario distinguiendo las dos vertientes competenciales: la individual y la colectiva.Yo diría que confluyen al final en una organización más inteligente y culta, con tics que le permiten crecer y mejorarse. Son definitivamente redes profesionales de aprendizaje en distintos niveles. Estoy viendo con el #profesoradonovel, 95 de ellos en el ámbito del CEP Marbella-Coín, sus narraciones vitales de cómo se contemplan a sí mismos. Trataré de sistematizar los resultados de los 95 ensayos que me han de enviar. Y lo haré en esta misma red.

      Saludos y de verdad que agradezco tu comentario. Y viniendo de ti, me honra doblemente.

      Juan Bueno.

      1. Muy de acuerdo en que la organización se hace más culta (más capaz de encontrar soluciones) si agrega los desarrollos profesionales de sus miembros. E incluso los de las redes de sus miembros. El problema es si la organización es refractaria a ese cambio. En mi caso, veo que hay un elemento clave que lo atasca todo: el equipo directivo, que confunde estático con estable.

        Hay que reconocer que en estas situaciones, de equilibrio entre lo individual y lo colectivo hay roles privilegiados, encargados de ello. Y, como yo lo vivo, es que los que deberían ocupar esos roles miran los cambios como una vaca mira el tren. E incluso satisfechos de ello: “estamos logrando que los cambios no nos afecten” es una frase que he oído no una vez, sino más.

        Así, el desarrollo colectivo de las competencias docentes muestra un cuello de botella importante: la visión que de ello tengan personas individuales que son directivos de centros. Y atasca el desarrollo profesional individual. Porque cuanto más avanzas más lejos estás de tu organización.

        Todavía no sé como se resuelve eso sin divorcio…

        ¿Alguna idea?

  5. Tengo absolutamente claro que el liderazgo y el poder ha de compartirse, distribuirse -como se viene a decir últimamente- los equipos directivos tienen que ser refractarios sólo a lo que no suponga mejor aprendizaje para sus escolares, en términos de evidencias científicas. Si algo no resulta hay que evitarlo, no podemos asumir la novedad por la novedad, si no que en palabras de Novòa, la prudencia debe regir nuestras decisiones. Sin embargo, ello no quiere decir que aquellas iniciativas innovadoras que den muestras de una mejora real y contrastada en la escuela, como el uso de las TICs de acuerdo con una metodología y una ideología -diría yo- hay que acapararlas cuanto antes.

    Me gusta mucho la aproximación Freinet que hubiera hecho de la escuela moderna unarealidad en las escuela de hoy con los recursos que tenemos. Segundo Fidalgo, maestro asturiano, lo expone muy bien en una presentación reciente del CR de Avilés.

    Por tanto y concluyendo: los equipos directivo son los ejes de poder sobre los que pivotar cambios a mejor, sustentados en la investigación científica de una escuela más eficiente. Me temo que la ineficacia de muchas de nuestras administraciones y la idea inane de hacerle frente a cualquier cambio provocan unas posturas de enroque que no son buenas para las escuelas.

    En cualquier caso, habrá que distinguir y hablar aquí de tipos de cambio: de primer orden o de segundo. Drásticos y paulatinos. Y de ver los ritmos adecuados para cada cosa. Hay veces que un cambio radical es la mejor solución, otras que la idea del “poco a poco” -que me parece reaccionaria- es la pertinente.

    Más ideas.

  6. Añado a la respuesta anterior que una de las competencia del profesorado es su deber de colaborar en la gestión de la escuela. Eso implica renovar los centros de poder en las direcciones escolares, asumir la responsabilidad del liderazgo a distintos niveles, asaltar la institución directiva con un nuevo enfoque no corporativo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s